ESQUINA DE LOS ESTUDIANTES

MEDITACIÓN
Por Araceli López Méndez

EL PODER DE LA FE EN LA VIDA DEL PRACTICANTE PROFESIONAL

DIOS Y LA CIENCIA
INTERPRETACIÓN PERSONAL DE PASAJES BÍBLICOS
LA INTUICIÓN EN LA VIDA DEL PRACTICANTE PROFESIONAL
LA HISTORIA DEL HIJO PRODIGO
TRATAMIENTO PARA MI CONTINUO CRECIMIENTO ESPIRITUAL
DOMINIO DE MI PROPIO SER
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LA HISTORIA DEL HIJO PRODIGO EN MI.

POR MARIA DEL SOCORRO ALVAREZ MOSQUERA

Creo que la historia del Hijo Pródigo ha sido mi historia en varios momentos de mi vida. Me queda claro que Dios nos da la libertad, el libre albedrío, y esto es lo que nos permite, mediante las elecciones que en todo momento efectuamos, experimentar lo que mundanamente conocemos como “el bien y el mal”. Dios nunca va a juzgar ni a discutir nuestras elecciones, las cuales activan la Ley que las lleva a cabo. Esta es la mayor prueba de la libertad que Dios nos ha dado, la mayor prueba de que el ser humano comparte la Naturaleza Divina, y que tiene dentro de sí mismo el Poder Creativo que le corresponde como Hijo de Dios ( y por lo tanto, el ser humano no es el títere de Dios).

Como el hijo despilfarrador y pendenciero de la historia, yo también me he alejado de la Casa de mi Padre, del Reino, y he sentido la carencia, la enfermedad, la culpabilidad, la limitación, ese sentimiento de separación de la propia esencia, el cual es la causa de toda angustia, sufrimiento y problema humano. Al igual que el Hijo Pródigo, yo también he buscado mi felicidad en los efectos, y no en la Fuente de todo Bien.

Asimismo, me he dado cuenta de que nadie puede darme nada y tampoco nadie puede quitarme nada, sino nosotros mismos. Dios por lo tanto no castiga, ni nos prueba; su Casa siempre ha estado y estará abierta, y sé que en la medida en que yo regrese a El, voltee a El, El recorrerá la mitad del camino para encontrarme, y nunca existirán juicios ni castigos. Yo creo que el camino de regreso lo he empezado a recorrer ya en algunos aspectos de mi vida, y en otros aún tengo que hacerlo, pero me provoca paz el saber que el “Reino”, la “Casa del Padre”, siempre está disponible y esperándonos.

 

Por otro lado, también en algunos momentos y en algunos aspectos de mi vida he sido como el Hijo que se quedó en Casa. A veces he estado en la “Casa del Padre”, y no he sido conciente de ello ni lo he sabido valorar. También he sentido celos y envidia del bien de los demás, de mi “hermano”, olvidándome en ese momento del bien que ya era mío y de que Dios es la Fuente de Todo Bien, inagotable, infalible, que alcanza para todos sin mermarse ni agotarse jamás.

También otras muchas veces he sido como el hermano del Hijo Pródigo porque he padecido orgullo espiritual y también he juzgado a los demás. Me explico: muchas veces me ha molestado el que habiendo tratado de llevar una vida “buena”, espiritual y honesta me hayan pasado cosas “malas” y a otras personas que según yo, eran menos espirituales y que no habían hecho ningún esfuerzo por crecer espiritualmente, e incluso vayan por la vida fastidiando a todo el que se deje, les vaya de maravilla, a pesar de todos los errores que hayan cometido. Yo sé que se me ha olvidado en esos momentos que nadie te da ni te quita nada, sino nosotros mismos, y que cada uno tiene y es lo que es por derecho de conciencia, y que sobre todo, no debo de juzgar por ningún motivo y bajo ningún concepto a nadie, por que no sé lo que hay atrás y por que cada quién está donde debe de estar.

TRATAMIENTO

Aquieto mi mente, y reconozco un solo Poder, un solo Dios, una sola Vida, el la cual todos vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser.

Yo sé que yo soy uno con el ,maravilloso Poder que me creó y que habita en mí.

Y con esta Unidad en conciencia, declaro mi Palabra:

Yo sé que soy una con el Universo, y que vivo en el Corazón de Dios. En este momento alejo de mi mente cualquier sentimiento de separación y cualquier duda, temor o incertidumbre que pueda hacer creerme de cualquier manera el que pudiese estar separada de mi Bien.

Ahora permito que Dios me guíe, y la acción correcta toma lugar en mi vida y en mis asuntos.

Yo sé que mi Bien se manifiesta en mi vida y en mis asuntos aquí y ahora en el correcto orden divino.

Yo sé que la Fuente de todo Bien es Dios, y es inagotable, infalible, no se merma ni se agota y alcanza para todos.

Y sabiendo que todo esto es ya una realidad del la Mente de Dios que es quien realiza el trabajo, y que por lo tanto se manifiesta irremediablemente en el mundo de los efectos, libero llena de fe, confianza y seguridad esta oración, y lleno mi corazón y mis pensamientos de alegría y agradecimiento.

Así es.

 
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