2005_15_005
EN HONOR A MI LINDA MORENITA
Inspiración Semanal por Rebeka Piña
Para aquellos que creen, las palabras no son necesarias; para aquellos que no creen, ninguna palabra es posible.
- San Ignacio de Loyola
El mayor desafío de mi vida se presentó cuando tenía solamente 24 años. Acompañé a mi amadísima madre al médico, quien después de examinarla dio el diagnóstico que todos tememos: cáncer... ¿Cómo pudimos regresar a casa? Aun recuerdo que literalmente nos apoyábamos en las paredes para poder seguir. Podría escribir un libro acerca de todo lo que pasó por mi mente en esos momentos, y todavía recuerdo que sentí que Dios nos había abandonado. ¿Por qué a ella? Le preguntaba a aquel dios externo y alejado en el que entonces creía. ¿Por qué en este momento? Precisamente cuando dos días antes, después de mucho sufrimiento, me decía sonriendo que por fin comenzaba a disfrutar de la vida verdaderamente. Tiempo después descubrí Ciencia de la Mente y mi vida cambió. Nuevas preguntas surgieron al comienzo: ¿Por qué no supe en aquel tiempo lo que ahora sé? ¿Por qué no tuve la oportunidad de asistirla en la forma que ahora sé que puede asistir a otros? ¿Por qué?... ¿por qué?... ¡tantos por qués! ¿Por qué le pasan cosas malas a la gente buena? Es la pregunta que siempre ha inquietado a la humanidad. ¿Cómo comprender con nuestra mente humana la Mente y designios divinos? No es posible. Pero siempre podemos preguntarnos ¿qué puedo hacer ahora que ya ha pasado esto? ¿Cómo puedo convertir esta desgracia en algo edificante, en algo que sirva a la humanidad? ¿Cómo puedo crecer con este desafío? La pregunta correcta... no es ¿por qué? Sino ¿para qué? ¿Quién soy yo para entender cuando una persona ha completado su misión en la tierra? Esa es cuestión divina. Ahora entiendo que la muerte es un concepto humano, no un concepto universal. Ni siquiera la materia muere, sólo se transforma... pero el espíritu es eterno. Lo que murió (o cambió de forma) fue su cuerpo; su espíritu, su “chispa divina” aún brilla en otra dimensión. La muerte de mi amada madre, el mayor dolor que he vivido, me ha hecho quien ahora soy. Su dulzura, su compasión, su sabiduría, lo mejor de ella, vive en mi “lado luz”. Su voz, aún después de 40 años de ausencia me llega claramente. Su amor me acompaña. Su espíritu vive... lo sé y lo siento... siempre lo he sabido, y siempre lo he sentido. Vive como lo mejor de mí.
Sonríe para mí, Linda Morenita, en donde sea que te encuentres!... yo te celebro en este mes de la madre, y en cada día de mi vida. Gracias por tu amor, tu dedicación, tu compasión... más que nada, gracias por ser el hermoso vehículo que me trajo a la vida.
Ciencia de la Mente México
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"Cada ser en la Tierra, por insignificante que parezca,
es una partícula eterna de la materia eterna. (Jacolliot)"