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Inspiración Semanal ![]()
2007_02_11
AGAPE: EL AMOR DIVINO
Inspiración Semanal
Por Rebeka Piña
Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros. Ustedes deben amarse unos a otros como yo los he amado.
- Juan 13: 34, 35
El verdadero amor por uno mismo es una acción íntima dentro del individuo. El amor a sí mismo abre las puertas al amor divino. Al amarte a ti mismo encuentras compasión por tus debilidades humanas y esa ternura se extiende a los demás
- Read y Rusk, Yo Quiero Cambiar, Pero No Sé Cómo
Yo soy un hijo amado del Universo, el cual amablemente me cuida hoy y siempre.
-Louise Hay, Tú Puedes Sanar Tu Vida
En este mes del amor y la amistad, te invito a que reflexiones por un minuto y pienses en las personas que amas... Luego pregúntate ¿encabezo yo la lista?
El Maestro nos anima a amar a los demás… entonces, ¿Por dónde debemos empezar? Es obvio: por nosotros mismos. ¿Será posible amar, honrar y respetar verdaderamente a otra persona si primeramente no experimentamos estas cualidades dentro de nosotros mismos? Todas nuestras tentativas de amar a otros no pueden ser auténticas hasta que podamos incluirnos a nosotros mismos en ese amor incondicional sin límites como el que mostró el Señor Jesús por la humanidad.
A veces le prometemos a otra persona amarla en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad, en el éxito y en el fracaso… hasta que la muerte nos separe… y verdaderamente creemos en ese momento que podremos hacerlo. ¿Pero será posible dar lo que no tenemos? El cultivo del verdadero amor a uno mismo (que comienza con respeto) es esencial para nuestro bienestar y para poder aceptarnos como somos. Nuestro sentido de autoestima está unido directamente a nuestra capacidad a dar y recibir amor, y es imperativo que reconozcamos nuestra propia belleza interior y bondad antes de que podamos reconocerla en otros. ¿Cómo ignorar algo tan simple?
En lo que se refiere a nuestra religión (o espiritualidad), no se trata de abandonarla, sino de aprender de lo mejor de ella. Disfrutamos, honramos y aprendemos de nuestros padres, y sin embargo, no por eso vamos pregonando que nuestros padres son mejores que los de los demás. Nuestra religión (o espiritualidad), como nuestros padres, deben siempre tener el lugar más especial en nuestro corazón, pero también debemos permitir que los demás amen y respeten sus propias ideas.
Podemos hacer mucho más que tolerar nuestras diferencias religiosas. Podemos aprender a apreciarlas. El primer paso es admitir que tenemos prejuicios acerca de la forma en que la gente habla, de cómo se ve, o cómo practica su religión. El Apóstol Pablo nos dice, “ahora vemos como a través de un cristal oscurecido”.
La mayoría comenzamos la vida viendo a través de los lentes que hemos heredado: lentes oscurecidos por las críticas, con frecuencia llenos de juicios y prejuicios: hacia otros y hacia nosotros mismos (somos nuestros jueces más severos). Pero cuando comenzamos por reconocer los prejuicios que tenemos, podemos empezar a trabajar en liberarlos y encontrar ágape… el amor espiritual. Al sentirlo en nosotros y para nosotros, podremos amarnos incondicionalmente, y extender ese amor a los demás… sin importar las diferencias.
AFIRMACIONES:
• APRENDO A RESPETAR Y RESPETARME.
• CADA DÍA ME LIBERO DE CRÍTICAS, JUICIOS Y PREJUICIOS HACIA MÍ MISMO Y HACIA LOS DEMÁS.
• PERMITO Y APRECIO LAS DIFERENCIAS RELIGIOSAS DE LOS DEMÁS, Y EL CRISTAL OSCURECIDO DE MI PERSPECTIVA SE ACLARA… Y ASÍ ES!
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