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| Parece fácil decir un año, y treinta semanas de estudio, y no puedo decir que ha sido difícil, sino que ha representado un esfuerzo y el empeño de cumplir con los compromisos que adquiero conmigo misma. Al regresar la mirada estos meses atrás, se dibuja una sonrisa en mi cara, el entendimiento cada vez más profundo de mi verdadera naturaleza, ha sido el reto más importante, un entendimiento que ha ido creciendo y que en cada etapa lo he visto como una gran luz, y donde a veces pareciera que esa luz es lo más grande que pudiera llegar a ser, sin embargo en cada avance de mis estudios, lecturas, prácticas, meditaciones y el diario vivir, crece y crece. De manera coloquial decimos que me han caido muchos veintes y la alcancia aún tiene mayor capacidad para que caigan otros más, en ocasiones confieso que me desespero conmigo misma porque esos veintes no han terminado de caer, o no han dado tono y siento que tropiezo y a veces caigo, pero en otras siento que aún "estoy chica" y que cada día aprendo más. Es el mismo orgullo que sentía cuando era niña y comprobaba unos centímetros más en mi altura, la gran diferencia es que ahora esa altura es espiritual y no tiene límite, y el proceso de aprendizaje no termina, es eterno, Muchos conceptos son los que me han abierto más los ojos, uno de los más importantes es el demostrar a Dios, esas palabras de Jesús: "Busca el reino de los cielos y lo demás se te dará por añadidura", cuantas veces lo he escuchado, leido, desmenuzado, pero sólo ahora que me pregunto, ¿Es Dios a quien estoy buscando, o es algo de Dios, lo que estoy buscando ? El querer demostrar salud, relaciones armoniosas, abundancia, paz, nos hace perder el punto de vista de lo que verdaderamente queremos demostrar, porque hasta que tenemos a Dios, no tenemos nada, ya que El es todo lo que Es. Y por supuesto que podemos demostrar todas estas cosas que son necesarias en nuestras vidas, pero nuestra demostración nuevamente se fija en factores externos, el momento en que buscamos sanar espiritualmente y demostrar la gloria de Dios y su perfección, traducida en todo nuestro bienestar, ahí se encuentra todo. Busquemos no las formas en las que aparece sino busquemos la plenitud de Dios, y buscando esta plenitud es que alcanzaremos las formas necesarias para nuestra experiencia humana | |||||
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